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Indolencia y abismo

BOMBEJA AGUSTINET! — Columna 614 — Felip Bens


© LaLiga


En Anduva, el Llevant perdió la enésima oportunidad de auparse en lo alto de la tabla y de demostrar que el grupo (técnicos más plantilla) cree realmente que es posible el ascenso directo, que el equipo no es inferior a nadie. El guion fue el habitual. La frustración de todo el levantinismo, también.


Superioridad, ocasiones y gol (bueno, golazo). Y a especular. A encerrarse atrás, con malas decisiones técnicas, además. A rezar a la Virgen para que el acoso de los jabatos no acabara en empate. A jugarse el destino del equipo y del club a los chinos. La gestión de partido de Calleja, como el curso pasado, como siempre, fue rácana y nefasta. Enfrente, el Mirandés hizo lo que le propuso el Llevant, al ubicarse junto al propio guardameta: ir a por el gol. Sí: el eslalon de Cantero pudo ser el 0-2, pero esta vez no salió cara. No se puede confiar siempre en que saldrá cara. El Llevant tiene equipo de sobra para ganar en Miranda sin necesidad de dejar su destino en manos de una ruleta rusa.


Calleja es el gran culpable. ¿Por qué lo mantiene Danvila? Es la pregunta que se hace todo el levantinismo. La respuesta de que no hay un duro es una pura milonga. Si alguien asume una deuda de más de cien millones es porque tiene dos o tres para cambiar al míster, que es la piedra angular de todo. Si no es así… ¿dónde vamos? ¿Por qué lo mantiene? He pensado de todo. Quizás en la coyuntura jurídica de la sociedad (absolutamente irregular) echar al entrenador sea un riesgo legal, un nuevo frente que Danvila no quiere abrir. Quizás sencillamente desconoce el contexto histórico del club. Que me perdone si peco de ignorancia, pero que yo sepa Danvila nunca ha explicado desde cuándo es levantino, ni de dónde le viene.


No sé si sabe, por ejemplo, que el descenso del 65 conllevó que el Llevant estuviera a los pies de los caballos durante cuatro décadas.  A punto de desaparecer una y otra vez. El paralelismo con la situación actual es escalofriante: entonces estaba en marcha el proyecto del Nou Estadi; hoy, la reforma y Nazaret. El club no tenía viabilidad fuera de la élite. Ni entonces ni hoy. Se me eriza la piel cuando escuchó eso de hacer el club sostenible en Segunda. Es la misma insultante falta de ambición de Calleja. Cada año que pase el ascenso será más difícil. Que tengamos mejor equipo hoy que el curso pasado es una carambola que nos ha regalado el destino (y el notable trabajo de Miñambres en la confección de plantilla). Son cosas que pasan muy de tanto en tanto y que hay que aprovechar. Si no hay ascenso, el año que viene nadie querrá venir aquí. Y los buenos que tenemos querrán salir. Haremos un equipo de circunstancias. Y el regreso será más difícil cada vez. Entraremos en la dinámica post-65. Es obvio que Danvila no lo ve. Ignoro si hay alguien en el club capaz de verlo, de entenderlo, de asumirlo y de actuar en consecuencia. Desperdiciar el legado –social y deportivo– del Llevant del siglo XXI es el mayor error que puede cometer el levantinismo. Calleja debería estar de patitas en la calle. Porque ha demostrado no estar a la altura de las plantillas que ha gestionado y porque este banquillo necesita un nivel de exigencia muy superior al suyo. Danvila no es el líder del Llevant del futuro si no es capaz de verlo. Y la afición no puede remar más de lo que lleva haciéndolo desde hace tres años. Danvila es quien debe estar a la altura de esta afición y de este club. 


••• Pablo Martínez y los cuentos chinos. Hay topicazos, en esta línea, que los futbolistas acaban por creerse. Por ejemplo, ese que dice: “lo importante es llegar al tramo final de temporada con opciones”. Eso dijo Martínez en Onda Cero. El tópico revela, en realidad, una falta de exigencia dramática, descorazonadora, que ya nos costó el ascenso el curso pasado. Pero no aprendemos. Y los futbolistas (alguien tan destacable como el capitán granota) hace seguidismo del discurso autocomplaciente del míster, y se sube a ese tren. ¿De verdad el objetivo es llegar con opciones? Vista la plantilla, el objetivo ¿no debería ser “llegar con más opciones que ningún otro”? La afición está un poco harta de cuentos chinos y de que les tomen por tontos: no sube quien llega con opciones. Eso es solo otra lotería. Sube quien llega con más opciones. Con más. Y eso se consigue sin regalar puntos cada partido por culpa una actitud indolente y conformista, en el banquillo y sobre el césped. Cada partido. Uno tras otro. Nuestros capitanes también deberían hacer examen de conciencia


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